En búsqueda de la memoria: consideraciones en torno a la triada Tecnología-Comunicación-Educación

Kazuhiko Nakamura, cyberpunk Illustrations1

Nuestra escuela intenta conservar un rechazo casi socrático por las tecnologías; hay una larga cadena de acontecimientos, testimonios y prácticas literarias: practicas humanas, las cuales brindan serios argumentos de que, quizá, sea la escritura el mayor descubrimiento de la humanidad; Sócrates quizá haya sido entonces precursor del primer rechazo, el rechazo tecnológico.

Qué tal si de entrada dijéramos que las mediaciones tecnológicas, entre los múltiples “ambientes” de afectividad y aprendizaje que éstas crean, también instauran escenarios en los que se comunican y se hacen aún más latentes nuestros pánicos globales o colectivos a una velocidad otrora insospechada, en los que, tanto los datos pérfidos, fútiles e irrisorios como aquellos sutiles y fundamentales en la cadena de construcciones del conocimiento, hacen parte de una atmósfera que contiene sus propias lógicas y dominios, sus propias virtudes y amenazas; un cosmos que aunque aparentemente inventado, definido por fuera de nosotros, paradójicamente necesita de lo humano y así lograr cierta idea de completud; tal y como el hombre mismo, sus herramientas son inacabadas; hombre y útil son obras abiertas, signos de la cultura puestos en diversos planos que demandan ser interpretados, y esto ya nos va dando una idea de aquella relación diádica e indisoluble de hombre – técnica.

Las herramientas tecnológicas, las cuales modifican nuestras formas de percepción, adaptación, dominio e interacción con la cultura, no son diferentes a los útiles o herramientas que evidenciamos con el advenimiento del homo sapiens, tanto análogas como virtuales se tornan herramientas tan poderosas que inmediatamente develan nuevas posibilidades y deslumbramientos, pero también sus propios peligros; basta hacer un click para extender cualquier gesto a una multiplicidad de interlocutores que se desustancian en la infinidad de redes. En estas plataformas virtuales también se vindica aún más nuestro repugnante fetichismo de subjetividad: la pose, el dato biográfico o la identificación que aunque no sea verdadera sí debe ser precisa y mantener ese charming característico de las reuniones sociales, y la fotografía que mejor combine con los arabescos ya prediseñados en el host de  mi perfil.  Justamente es en el entramado de esta compleja herramienta donde el frenesí de la información arremete contra aquel noble sapiente que a fin de cuentas todo lo quisiera ignorar.

Sociedades de la información: naturaleza y cultura.

¿Qué es lo público, y qué lo privado en este voraz intento de comunismo transaccional o en términos de Dertouzos (1997), mercado de la información? ¿Dónde soy individuo y dónde sujeto? ¿Qué es la memoria como la hemos conocido si no hay un único dato que dé cuenta de una realidad? Nos encontramos entonces entre la encrucijada de lo que el proyecto moderno ha instraurado como nuestros propios opuestos: hombre-naturaleza, hombre-lenguaje, hombre-técnica, hombre-cultura. Intentamos establecer nuestras propias zonas limítrofes entre lo “otro” y lo propio pero, qué es realmente “nuestro”, si evidentemente somos microcosmos en medio de eso que llamamos cultura; la perfecta antinomia de nuestros días recae en aquella dualidad que se gesta precisamente en las esferas de lo social y cuyo producto no es más que el despliegue de múltiples desenclaves técnico-lingüísticos los cuales han caracterizan el devenir de nuestra especia, nos referimos a: la naturaleza y la cultura. ¿A qué nos referimos por naturaleza en la actual cultura?; ¿qué es lo natural si desde el primer balbuceo lo que aprehendimos fue una primerísima postura, un gesto prestado, imitado? Si la naturaleza va ligada a lo propio, lo íntimo… lo único, y la cultura es lo que nos congrega y nos vincula como especie entonces creo habrá que reconfigurar dichos conceptos, pues, no somos individuos naturales tal y como reconocemos el concepto pues nuestra formación para y desde la cultura es nuestra naturaleza inherente de aniquilar lo primitivo.

No hay pues posibilidad de comprender estas complejas relaciones en términos o lógicas lineales, es decir, un primero y un segundo en la escala de acontecimientos; más bien podríamos acudir a aquella idea de que, cada una de estas diadas son liberaciones concomitantes, equidistantes unas de las otras e imposible pensar la una sin la otra. Justo es en el lenguaje y en la técnica donde el homínido descubre su humanización, el homo es homo porque también es: Sapiens, Faber, Ludens, Linguisticus, Academicus, etc. Aparece aquí la memoria desempeñando una función imperante que en nada se parece a aquella que tan solo busca retener el dato, la historia en su perspectiva unimembre y lineal y no, más bien, multimembre y relacional; en términos de Leroi Gourhan la memoria es la capacidad de relacionar congnitivamente los elementos que la industria humana ha divorciado, la memoria es aquí el constructo en el que se instaura el quehacer de la escuela y con ella toda intención de construir socialmente, la identidad, el conocimiento y la cultura.

Bibliografía:

Castells, M. (1997). La Sociedad de la Información. Economía, Sociedad y Cultura. La Sociedad Red. Vol. I. Madrid: Alianza Editorial.

Dertouzos, M. (1997). What will be. How the New World of Information will change our Lifes. Nueva Y: Harper Edge.

Leroi-Gourhan, A. (1971). El gesto y la palabra. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: