La evaluación: reconocimiento de sí mismo, del otro y de lo otro.

Profe_Colaboreme

“¡Profe: colabóreme!” Anónimo

“Al profe le encanta evaluar pero detesta ser evaluado” Anónimo

 

La lucha por la autonomía

Quisiera partir con la siguiente hipótesis: la evaluación o autopercepción de cada uno de nuestros aprendizajes es el racero de todos nuestros actos cotidianos; si no evaluáramos nuestros actos cotidianos nos veríamos penosamente obligados a cometer exactamente los mismos errores. La evaluación debe ser el proyecto ético en todo proceso de aprehendizaje y la formación en la autonomía es el primer bastión o fundamento de tal proyecto.

Creo que el modelo de evaluación en ambientes virtuales de aprendizaje, debe semejar un modelo práctico de la autonomía; me explico: un proyecto de formación en la autonomía garantizaría procesos de evaluación fieles y consecuentes a las prácticas, pues, es el sujeto quien verdaderamente se torna consciente de sus rutas y logros en el aprendizaje. Para nada se pretende con esto hacer caso omiso a las otras dos formas concomitantes en un proceso de evaluación como son la hetero y coevaluación respectivamente. La autonomía en la valoración de los aprendizajes garantiza, a su vez, prácticas más honestas para con terceros y entre pares.

Una breve experiencia

En mi actual experiencia como docente y, tras un ejercicio de exploración que comenzó hace ya algún tiempo, trato de hacer evaluación en tres momentos desde los tres niveles de evaluación expuestos anteriormente, no obstante, es menester aclarar que bajo la hipótesis expuesta, un proceso de evaluación se daría en todo momento puesto que en un ambiente de aprendizaje las experiencias deberían ser de carácter colaborativo y autorregulado:

a. Evaluación inicial o pronóstico frente al curso que perfectamente se puede abordar desde la oralidad o desde la esritura, e.g., formas de referirse y palabras en torno al objeto de estudio propio del curso, manifestación de problemáticas o preocupaciones actuales frente al tema en cuestión, etc. La idea es percibir el bagaje o equipaje conceptual y competencias que el aprendiente trae al momento de iniciar el proceso.

b. Evaluación parcial o de segundo momento que da cuenta de los procesos que van siendo alcanzados por los aprendientes. Es un momento de regulación y nivelación tanto conceptual como procedimental y actitudinal.

c. Evaluación final del proceso en el que se afinan las versiones sobre los alcances a nivel individual y entre pares en relación con un objeto de estudio particular.

 Conclusión

La e-participación y la e-moderación hacen énfasis en los procesos de co-evaluación y autoevaluación que poco se han tenido en la cuenta en las modalidades presenciales de aprendizaje.  El aprendiente es también quien evidencia, a partir de su autopercepción qué tan alto o bajo está su rendimiento o nivel frente al conocimiento mismo que plantea el curso y así, congruentemente, en reciprocidad grupal y colaborativa, se entenderá que la evaluación no es una regla de medición sino un proceso de cualificación que no se distancia del objeto de conocimiento sino  que hace parte funcional de éste: correlación y coherencia entre la dimensión formativa y la evaluación.

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