IT, en busca del objeto perdido II

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… Te diré que el objeto actual de mis indagaciones es simple, genérica y descaradamente: el objeto.

__¿Qué objeto? __Preguntará para entonces un avezado consejero de investigación __¿cuál objeto? Hay que delimitar el objeto de estudio__

Entonces no me importa tanto el objeto sino más bien lo que las relaciones humanas hacen del objeto y con los objetos, contesté. Mira, es tan simple como preguntarnos por el pocillo que contiene tu café negro en este momento, o de la llave con su llavero girando en tu índice derecho: ¿cuándo nos rodeamos de tantísimos objetos, cuándo nos desdibujamos de nosotros mismos para dibujarnos en los objetos?

Parecerá un juego de palabras inapropiado sin embargo, plantear un objeto de estudio implica desde la enunciación misma al “objeto”, y decir que es el objeto en sí mismo un posible objeto de estudio ya no sonará inapropiado sino más bien descabellado y tal vez ridículo, no obstante, creo que las rutas de investigación así como sus herramientas serán válidas en la medida en que se construyan con pertinencia y obedeciendo al ritmo mismo y a los múltiples virajes que se adoptan en una ruta, en un: Investigare (in vestigium: “un viaje al encuentro de…”). Este ritmo está dado en la medida de la pregunta, pues no son los fenómenos en sí mismos los que nos darán luces o soluciones, sino más bien las preguntas que a éstos hacemos; objetos y fenómenos se pueden mover del piso conceptual en el que característica y cotidianamente los vemos pero solo a partir de las preguntas.

  • “Menos mal que los objetos que se nos aparecen siempre han desaparecido ya. Menos mal que nada se nos aparece en tiempo real, ni siquiera las estrellas en el cielo nocturno. Si la velocidad de la luz fuera infinita, todas las estrellas estarían simultáneamente, y la bóveda del cie- lo sería de una incandescencia insoportable. Menos mal que nada pasa en el tiempo real, de lo contrario nos veríamos sometidos, en la información, a la luz de todos los acontecimientos, y el presente sería de una incandescencia insoportable. Menos mal que vivimos bajo la forma de una ilusión vital, bajo la forma de una ausencia, de una irrealidad, de una no inmediatez de las cosas. Menos mal que nada es instantáneo, ni simultáneo, ni contemporáneo idéntico mal que el crimen nunca es perfectoBaudrillard, Jean. El crimen Perfecto (1996).  
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